miércoles, 17 de octubre de 2007

...

Ha caído desde el cristal mojado
la luz perlada de la luna hermosa
dibujando en la habitación monocromática
el contorno de tu silueta de ángel.

No besaré las horas lejanas
donde el entristecer eclipsaba la tarde
de matices de tus ojos ensoñados,
no habrá lecho para las flores marchitas
que en mi alma descienden como diluvio.

Aquí mis ataduras son las del tiempo
que lejano y silencioso recorre
las oscuras calles empedradas y sus charcos,
las sensaciones de la voluntad castigada,
en ausencias que se sientan a jugar a las cartas
con los duendes del azar.

Cuanto he deseado de la luna
su piel blanquecina y húmeda,
los ojos profundos y quietos
de la dama misteriosa
y el pecado de la virgen de los sueños,
la misteriosa y quieta forma de amar
de las cenicientas de esquinas y tacones.

Te beso un beso
de mil palabras que no pronuncio
porque sabes que no puedo...
Ruedan mis dedos por tu piel de damasco
hasta caer en el abismo de tus pechos
abriendo la primavera de flores de tu inocencia
y tan solo te quiero,
tan solo te quiero,
solo te quiero,
te quiero.

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