‘Enterradora de sueños,
ya he quedado entre tus manos’
–sentencia final del infinito–
Yo vestía mis tristezas
con las luces de los atardeceres;
aprendí en tanto a llorar en los pequeños submundos
de la primavera,
donde los duendes se revolcaban entre las flores
y se desnudaba tu piel dulce.
Robé solo dos estrellas de tus ojos,
no me culpes de esperarte
en el lugar equivocado
si nunca encontré la cruz del sur en mi cielo
y tú, escapaste huyendo de lo real.
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