jueves, 5 de junio de 2008

Rutinario

De verdad me he caído
muchas veces de este equilibrio,
al borde de tempestades,
al borde de los abismos,
al borde del poniente sobre los techos de zinc,
al borde de las tardes, nostalgias de empedrados
y charcos,
al borde de ver gente con hambre en los ojos,
al borde de ver al poderoso hacer su propia ley.

Y el equilibrio no estaba entonces,
era como caminar en medio de la oscuridad total,
caer al vacío desde la nada,
trapecista sobre la soga
que luego amarraría en mi cuello,
como se siente ese nudo,
en medio del frío helado de la estación,
donde el niño sin cuento mira con ojos opacos
desde el siniestro lugar donde esta parado.

Y hasta donde caer entonces?
hasta que fin será absoluto caer,
donde vaya a saber encuentre mas abajo;
siempre hay mas abajo,
siempre se puede caer más
y mucho más,
y más,
más
no.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola Rodrigo... Cuando uno cae; CAE. Las profundidades no son agradables, pero a veces el pozo es tan profundo que la pregunta de tu poema no tiene fin "¿Y hasta dónde caemos entonces?"... No sé si "más no". Los abismos son los que deciden.
Lore