Yo, sin querer haberte amado
te amé tanto
y eso fue suficiente.
Y los lunares del amor,
los escondites de los secretos del pasado,
las esquinas de las luces de mercurio,
las miradas que se pierden y se encuentran,
los manteles de las mesas redondas.
Y los pechos que se posan en el balcón,
las baldosas de los ritmos de tus tacos,
la reserva de silencios y besos que guardas,
los sueños transparentes de los charcos empedrados,
los domingos de cruces y procesiones.
Y la nostalgia que se aparecía en visitas inesperadas,
las copas vacías y los vicios,
los pasajes de trenes a ninguna parte,
los submundos de tu mundo,
la habitación que alquilaba en tu corazón.
Y la mariposa que revolotea en tu cintura,
la quimera imposible de tu escurridiza cadera,
la conjugación del verbo amar,
las ventanas por donde se ve la luna,
los matices de mentiras en anunciadas verdades.
Yo, sin querer haberte conocido
compartí en ti cada segundo,
y eso no fue suficiente.
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